El Mundo

G7: Donald Trump: el último en llegar y el primero en irse. ¿Y ahora qué?

Por María Eugenia Helguero

La tensión diplomática, la escalada arancelaria y el proteccionismo económico minaron el camino de la cumbre del G7. El encuentro de los líderes más relevantes sólo sembró tensión y un futuro incierto. Donald Trump, una vez más, fue el gran protagonista de la discordia. Mauricio Macri, primer presidente argentino invitado como oyente, aprovechó el encuentro para fortalecer su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
“Volví a sentir el apoyo de los principales países del mundo” declaró Macri, al regresar de la cumbre del G7, realizada los días 8 y 9 de junio de 2018. Sin embargo, la pregunta que resuena en la mente de cualquiera que haya seguido de cerca el encuentro es “¿y ahora qué?”. El resultado sorprendió incluso a los líderes globales, por la falta de acuerdo y la actitud de Estados Unidos.
La cumbre se llevó a cabo en un lujoso hotel en La Malbaie, en las afueras de Quebec, Canadá. El principal objetivo era debatir cinco temáticas: inversión en el crecimiento, avance en la equidad y empoderamiento de las mujeres, construcción de un mundo más pacífico y seguro, preparación para los trabajos del futuro y acuerdos en conjunto sobre cambio climático, energía y océanos. Pero, ninguno de ellos es tópico central hoy. El motivo es que fueron establecidos previamente a la decisión de Donald Trump de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio, lo que generó tensiones con el resto de los mandatarios mundiales. Si bien estos aranceles no perjudican más que a 41 millones de dólares en exportaciones a Estados Unidos, de las cuales a la Unión Europea le afectan 6400, el malestar también radica en que la Casa Blanca ya ha afectado a sus socios globales quebrando el acuerdo contra el Cambio Climático y el Pacto Nuclear con Irán. Al mismo tiempo, había sugerido que Rusia volviera a formar parte del grupo, lo cual fue rechazado por el resto de los miembros.
El primero en expresar su descontento, a través de Twitter, había sido Macron, presidente de Francia, declarando que no existirían inconvenientes en firmar una resolución sin Estados Unidos. El mandatario norteamericano redobló la apuesta y, también mediante la red del pajarito, le había respondido que ellos eran quienes cobraban aranceles masivos y creaban barreras no monetarias.
La tensión no sólo estuvo presente en la previa. Durante el encuentro, escaló aún más. En la apertura de ambos días, Trump dejó atónitos al resto de los presentes al arribar tarde, cuando Justin Trudeau, primer ministro canadiense, ya había concluido su discurso de bienvenida.
Más allá de las temáticas sobre cambio climático y crecimiento, el núcleo de la cumbre giró en torno a la política arancelaria impuesta por el magnate, lo que provocó que no sólo fuera el último en llegar, sino también el primero en irse: abandonó el encuentro amenazando con suspender el comercio con aquellos países que mantuvieran aranceles a las exportaciones estadounidenses en el sector agrícola. Sin embargo, y más allá de lo anterior, los mandatarios lograron acordar un comunicado conjunto, que buscaba la reducción de aranceles, una reforma de la OMC (Organización Mundial del Comercio) y la búsqueda de un libre comercio equitativo.
Hasta que la mecha volvió a encenderse. En la conferencia de prensa de clausura del evento, Trudeau criticó al gobierno norteamericano al considerar que era un insulto que utilizara el argumento de la seguridad nacional para aumentar los aranceles. Y así, otra vez, el mandatario de la Casa Blanca eligió la red del pajarito para contraatacar. Al enterarse, escribió que Trudeau era “débil, mentiroso y deshonesto”, amenazó con nuevos aranceles y anunció su retiro del comunicado del G7.
La actitud fue condenada. Desde la presidencia de Francia, se declaró que “la cooperación internacional no puede ser dictada por ataques de furia”. Ángela Merkel, tildó de “deprimente” la forma en la que Estados Unidos retiró el apoyo. Más allá de la decisión del país norteamericano, el resto de los líderes mantuvo la adhesión al comunicado.
Argentina parece ser el único que abandonó la cumbre con optimismo. Macri fue invitado como oyente al ser el organizador del G20, y aprovechó para reforzar y defender el acuerdo con el FMI. Declaró que el Fondo cree en lo que el país está haciendo y destacó la confianza de los líderes mundiales. También, como actividad protocolar, mantuvo encuentros con Merkel y con Kristalina Georgieva, directora del Banco Mundial.
Incertidumbre. Quizás ésa sea la palabra que define lo que sucederá en el foro internacional de aquí en adelante. ¿Dependerá del humor de Trump? ¿Del enfrentamiento de los líderes con él? ¿Del diálogo y consenso? En mi opinión, la respuesta aún es una incógnita.

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