Regional

Obrador, Anaya y Meade: Una lucha por llegar a Los Pinos

*Por María Eugenia Helguero

El 1 de julio de 2018 la población de los Estados Unidos Mexicanos concurrirá a las urnas para culminar una de las elecciones más difíciles de las últimas décadas.

Incertidumbre. Ansiedad. Desconcierto. Ésas pueden ser las palabras que describen el escenario previo a los comicios. Principalmente para un actor clave de la política mexicana: el Partido Revolucionario Institucional (PRI). A dos meses de que el país vaya a las urnas, el candidato oficialista José Antonio Meade se posiciona en tercer lugar. Las encuestas se encuentran por debajo de lo previsto para el partido, el cual cuenta con 76 años en el poder y sólo ha perdido dos sexenios la Presidencia.

Es otro el candidato que, según las encuestas, llegará a Los Pinos: Andrés Manuel López Obrador, líder de la coalición Juntos Haremos Historia. Todos los estudios electorales lo posicionan en primer lugar. La pregunta generalizada es si su tercera oportunidad puede ser la vencida: el candidato ya estuvo muy cerca de convertirse en Presidente en dos oportunidades. En 2006, fue detrás de Felipe Calderón y en 2012 detrás de Enrique Peña Nieto. Ambas veces denunció fraude masivo. Contra todos los pronósticos, su principal rival no es Meade, sino Ricardo Anaya, líder de la coalición Por México al Frente.

En este contexto, la revista “Alcaldes de México” llevó a cabo un estudio electoral donde promedió resultados de 16 encuestas realizadas entre octubre de 2017 y marzo de 2018. Las mismas fueron desarrolladas por las consultoras mexicanas Parametría, Consulta Mitofsky, Saba Consultores, Buendia & Laredo y Parámetro. También, por el diario 24 Horas y el Gabinete de Comunicación Estratégica de México. El estudio arrojó los siguientes resultados:

-L. Obrador: 30,14%

-Anaya: 19,26%

-Meade: 18,16%

Estas posiciones coinciden con encuestas realizadas por otros medios, como por ejemplo, el diario El País, que el 31 de marzo del presente año le otorgó a López Obrador un 41,2% de probabilidades, seguido de Anaya con 28,2% y Meade con 21,9%.

En abril, Obrador amplió aún más su ventaja, alcanzando un 48%, frente a un 26% de Anaya y 18% de Meade.

Los números reflejan que los mexicanos exigen un cambio. Según un estudio de Latinobarómetro sólo el 20% de la población tiene una opinión positiva del gobierno y del PRI como partido, el porcentaje más bajo en por lo menos 15 años. El detrás de escena es un país cansado de la corrupción y la violencia. Uno de los casos más emblemáticos es el de Javier Duarte de Ochoa, ex gobernador de Veracruz: en 2017, fue imputado por la Procuraduría General de la República por el robo de 253 millones de pesos procedentes de fondos públicos, delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita, lo que lo llevó a ser detenido luego de estar seis meses prófugo. No  es el único político priista imputado por desvío de fondos y delincuencia. Existen otros como César Duarte, ex gobernador de Chihuahua, Roberto Borge, ex mandatario de Quintana Roo y Eugenio Hernández Flores, ex gobernador de Tamaulipas.

Otro de los mayores escándalos del PRI se produjo cuando una investigación de The New York Times afirmó que el Presidente Peña Nieto utilizó un avanzado software de espionaje llamado Pegasus, comprado a una empresa israelí, para espiar e investigar  periodistas, activistas de Derechos Humanos y abogados. Sumado a esto, una investigación llamada “La Estafa Maestra”, llevada a cabo por el portal de noticias Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción e Impunidad (MCCI), descubrió un sistema de 128 empresas fantasmas a través de las cuales el gobierno desvió 3.433 millones de pesos.

Estos casos de corrupción fueron captados por Obrador, quien presenta un discurso basado en terminar con “la mafia del poder”. Sin embargo, existe otro aspecto que el candidato debe sortear: el temor latente de que su victoria convierta a México en la próxima Venezuela. Frente a esto, se defiende asegurando que no conoce a Maduro ni tampoco conoció a Chávez. También, a diferencia del mandatario venezolano, asegura que no es partidario de expropiar empresas extranjeras y que jamás convocaría a la población a tomar las armas para generar un cambio en el sistema político.

Enfrentados por el fuero

Todos los candidatos se atribuyen a sí mismos la paternidad de la Ley para eliminar el fuero de los servidores públicos. Meade fue uno de los primeros que se adjudicó esta iniciativa e incluso la banca del PRI en San Lázaro la llamó Ley Meade. Sin embargo, Obrador sostiene que el origen de la propuesta le pertenece: afirma que el candidato oficialista presentó la iniciativa el 10 de marzo del presente año, mientras que él la viene promoviendo desde el 2016. Por su parte, Anaya sostiene que es su partido el que, desde su nacimiento, presentó varias iniciativas con diferentes enfoques para tratar la temática.

Aspectos innovadores

En esta elección, una nueva temática surge en la arena política: la reelección inmediata. Se permitirá que Alcaldes, Diputados y Senadores se postulen para ocupar el mismo puesto poniéndole fin a un período de 80 años en el que las reelecciones consecutivas estaban prohibidas. Además, se disputan 18.311 cargos públicos, la primera vez que existen tantos en un mismo proceso. La lista nominal de electores es de 89 millones de personas, el más alto desde 1910, y votarán 12 millones de jóvenes por primera vez.

Otro aspecto innovador es la presentación de candidatos independientes, hecho prohibido durante 66 años (1946-2012). Hubo tres aspirantes a la Presidencia: Jaime Rodríguez, Armando Ríos Piter y Margarita Zavala. Los dos primeros fueron descalificados debido a que sus apoyos fueron considerados falsos. Finalmente, es Zavala la única candidata independiente avalada por el Instituto Nacional Electoral (INE), decisión que no estuvo exenta de controversias.

Por último, con el objetivo de despegarse de la baja popularidad del PRI, Meade se presentó a sí mismo como un “outsider”, por no ser militante del partido. Sin embargo, los números no se modifican. Una de sus posibles estrategias es dividir el voto opositor, un método  que le funcionó al PRI en el pasado. Pero, esta vez, dado el sentimiento anti-oficialista generalizado, sería una jugada arriesgada.

Suponiendo que las encuestas acertaran, a partir del 1 de julio el PRI entraría en una crisis cuyo desenlace aún es desconocido.

 

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