Regional

El poder venezolano en crisis y el orden destruido

Venezuela se consume en una crisis política y económica, que ha llevado al gobierno y a la oposición a un enfrentamiento sin retorno. Pero el principal impacto se refleja en el campo social, habiendo arrojado decenas de heridos y más de cincuenta muertes. Para algunos, esto pareciera ser moneda corriente en el país caribeño. Sin embargo, la radical diferencia respecto del resto de las protestas que ha experimentado el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, es la escalada de la violencia, que ha alcanzado niveles record, principalmente al reprimir las protestas. A su vez, nuevos sectores de la sociedad se han sumado al reclamo y la oposición se ha mostrado algo más cohesionada que tiempos atrás.

Pero el impacto no es sólo ese. La democracia ha sido, sin lugar a dudas, avasallada. Ya sea desde la participación ciudadana o la representación política, ejes sobre los que se sostiene. Yendo más profundo, uno de los tres presupuestos de la política se ha destruido en el país: la dialéctica mando- obediencia (las otras dos: público- privado y amigo-enemigo).

La teoría weberiana nos muestra tres tipos de legitimidad del poder: la legalidad, el carisma y la tradición. Las medidas adoptadas por quien detenta el poder  formal en Venezuela (como la intervención de la Asamblea Legislativa -manejada por la oposición- por parte del Tribunal Supremo de Justicia, la declaración por decreto del estado de excepción y emergencia económica,  entre otras) han destruido la legitimidad de tipo legal racional del poder (característica de los estados modernos) volviendo dificultosa la posibilidad de encontrar obediencia y el reconocimiento de la autoridad y derechos de mando.

Tampoco Maduro ha logrado alcanzar los niveles de apoyo carismático como el ex Presidente Hugo Chávez, es decir, sostenerse en una dominación que descanse en las ordenaciones ejemplares del líder; ni tampoco en la tradición de la autoridad, la revolución bolivariana o el chavismo, como sería una dominación de tipo tradicional.

La consecuencia de ello es que quienes mandan se vean obligados a sostenerse por la fuerza. En este sentido, la principal afectación se da sobre el orden.

En este escenario, a la oposición le quedan dos opciones: la confrontación total y el enardecimiento popular como medida de presión o fuerza, lo cual arrastraría al país a mayores disturbios y caos. La segunda, conducir mediante la presión internacional a abrir el diálogo con otros sectores políticos. En éste sentido, el corto plazo arroja semanas de incertidumbre.

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